Yoga infantil: ¿solo una actividad física?

Cuántos de nosotros hemos llegado a la edad adulta sin saber cómo manejar nuestras emociones, cómo mantenernos concentrados en una actividad por largo tiempo, incluso muchas veces desconocemos cómo mantener una sana postura corporal. El yoga es una práctica físico-mental que promueve todas estas habilidades. Cuando los niños y adolescentes lo incorporan en su rutina, están sentando las bases para una vida más conectada con su propia naturaleza de equilibrio y armonía.

Para los niños el yoga tiene carácter lúdico y de aprendizaje. Por un lado, se divierten con los cuentos, bailes y canciones que forman parte de su acercamiento a las posturas. Por el otro, aprenden a conocer su propio cuerpo, a reconocer cada parte de él y se acostumbran a adoptar posturas correctas en su vida cotidiana.

Con el yoga, los niños y jóvenes también aprenden a respirar profundamente y hacerse conscientes de este proceso. Saber respirar les permite relajarse cuando lo necesitan, lo cual les facilita calmar la mente, concentrarse mejor y salir de estados de estrés, enojo o angustia.

En la práctica del yoga no existe competencia, por el contrario, se fomentan valores como el trabajo en equipo, el compañerismo y el respeto hacia el otro. Especialmente en las clases con niños pequeños se hace alusión a los elementos de la naturaleza, fomentando así la conexión existente entre los seres humanos y su entorno.

 

En la actualidad hay millones de personas practicando yoga alrededor del mundo. Existen experiencias escolares donde se ha sustituido los castigos por sesiones de respiración y meditación para estudiantes con problemas de conducta. Y el resultado ha sido positivo para los alumnos y sus familias, porque todos han aprendido a relajarse y volver a centrarse.

 

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